Zona Patagonia creció en un contexto donde el turismo creció y fue una oportunidad comercial interesante pero también se volvió más competitivo, más fragmentado y más exigente en términos de comunicación, velocidad de respuesta y claridad comercial. En un destino con mayor oferta y señales de demanda variables, sostener una operación basada en planillas, mensajes sueltos y materiales no unificados empezaba a ser un límite para escalar.
Por eso, el proyecto no se pensó solo como un rediseño visual, sino como una intervención de diseño de servicios: entender quién usa el sistema, dónde se genera fricción y qué herramientas había que crear para ordenar la experiencia sin frenar la operación.
Necesito propuestas claras y confiables que me permitan vender sin sorpresas.
Laura - Agencia
Si entiendo bien lo que ofrecemos, lo puedo vender mejor.
Belén - Vendedora
Quiero que cada parte del proceso funcione como un engranaje, sin que tenga que estar encima de todo.
Sandra - Administrativa
Relevamos documentos, planillas y materiales que sostenían la operación diaria para entender cómo funcionaba el sistema en la práctica. Identificamos a las personas involucradas y detectamos los principales puntos de fricción entre ellas.
A partir de ese análisis, comenzamos a ordenar la información y a definir criterios comunes, priorizando mejoras que no interrumpieran la dinámica de trabajo existente.
Por eso antes de abrir Figma, mapeamos cada experiencia por separado — qué busca cada perfil, cómo navega, dónde decide, dónde abandona. Tres journeys distintos que tenían que convivir en una misma arquitectura.
El primer paso fue revisar y ajustar la identidad de Zona Patagonia para mejorar su legibilidad, coherencia y aplicación en distintos soportes. Se trabajó sobre el logotipo, el isotipo y sus variantes para construir un sistema visual más claro y unificado.
A partir de esa base, se desarrollaron fichas de experiencias turísticas con una estructura clara y reutilizable. Estas piezas permiten comunicar cada servicio con información precisa, facilitando el trabajo de agencias y vendedoras.
Por último, se diseñó una landing que organiza la información de forma accesible y coherente. Este espacio funciona como punto central de consulta y venta, alineando la comunicación con el nuevo sistema.
Al trabajar a la par con una agencia de turismo en un contexto cada vez más competitivo, donde la oferta crece y la diferenciación es clave, el sistema de identidad se pensó para adaptarse a múltiples escenarios.
A partir de esta necesidad, se desarrollaron piezas que permiten llevar la marca más allá de lo digital: desde el diseño de stands para ferias —donde la presencia física es una oportunidad para destacar frente a otros operadores— hasta la implementación del sistema en redes sociales, extendiendo la comunicación a los canales donde hoy se construye gran parte del vínculo con los clientes.
Este enfoque permite consolidar una experiencia coherente en todos los puntos de contacto, asegurando que la marca se perciba de forma clara, consistente y reconocible, independientemente del canal.
Después de un año trabajando en conjunto, Zona Patagonia tiene su operación digitalizada, su identidad unificada y un sistema que sigue evolucionando. No fue un proyecto de entrega única — es un proceso que continúa.